Acumulación de Carbono en el Suelo.

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A nivel mundial se ha desarrollado con fuerza la idea que se puede elevar el nivel de carbono que almacena el suelo contribuyendo con ello a tener una agricultura más sustentable y amigable con el medio ambiente. Es una idea que ha sido introducida por personas que miran la actividad agrícola desde el ámbito del medioambiente, de la globalidad en la cual se desarrolla esa actividad,  que ven los efectos que ha causado su práctica en las últimas décadas, donde los niveles de productividad que se le ha exigido al suelo para sostener el consumo humano,  lo han degradado física, química y biológicamente, ocasionando efectos negativos en la misma población cuyo trabajo depende de él, como en las personas que viven en ciudades lejanas que reciben los perjuicios de la erosión, los sedimentos, las inundaciones, los cambios en el clima.

El disparador de las alarmas es el nivel de CO2 que está produciendo la forma de ejercer la agricultura, que la coloca en la segunda posición como emisora de CO2 después de la industria energética. La solución para los problemas de baja productividad y contaminación, la ven con la incorporación de carbono al suelo por la vía de la materia orgánica, ya sea como una adición directa al suelo, o por la activación de la biología que habita en ella. Muchos trabajos en universidades y centros de investigación se han llevado a cabo respaldando este camino como un hecho factible, y en la actualidad se cuenta con abundante información que justifica el concepto que se puede aumentar significativamente el nivel de carbono del suelo, y cambiar la agricultura a una actividad que fija más CO2 que el que produce, transformándola en una solución  al problema de los gases de efecto invernadero.

La práctica en el campo no ha sido tan fácil. En varios ensayos y actividades productivas se ha medido que el solo hecho de incorporar materia orgánica, ya sea traída de fuentes externas del predio o producida en él, no ha reportado un aumento de la materia orgánica medida en el suelo. Un hecho frustrante  que desanima a productores que invierten tiempo y dinero en tratar de llevar su actividad a un nivel de consciencia global.

Nuevos ensayos enfrentando este decepcionante hecho, entregan una explicación y un camino para alcanzar las metas propuestas de aumentar el contenido de carbono en el suelo. Las conclusiones son que el carbono que se almacena necesariamente debe ser un carbono que pasa a través de organismos vivos, y por esa razón, no es solo carbono lo que se necesita para que estos organismos aumenten su población, si no que, también, una serie de otros nutrientes deben estar disponibles para sustentar los requerimientos de los organismos que participan. Así, han determinado que para fijar una tonelada de carbono, se necesitan 92 kilos de nitrógeno, 18 kilos de fósforo y 14 kilos de azufre, y que proveyendo estos elementos en esas proporciones, la materia orgánica comienza a acumularse en el suelo.

En la práctica ese requerimiento se ha podido cumplir sin recurrir a fertilizaciones externas, existiendo ejemplos de investigadores y agricultores que han elevado consistentemente su nivel de materia orgánica en el suelo solo combinando manejos y aplicándolos en la intensidad y oportunidad necesaria.

Aumentar la materia orgánica del suelo parte por tener la biología activa en su interior. No se saca nada con agregar esporádicamente materia orgánica si no se tiene en la cantidad suficiente los microrganismos que la reciclan, y estos organismos solo van estar presentes si ya han actuado otros microrganismos que previamente se han relacionado con las raíces de las plantas, como otros, que  han trabajado con la fracción mineral del suelo creando un pool de nutrientes dentro de él. Recién cuando hay energía y nutrientes en el suelo se recicla la materia orgánica, llevándola en sus  múltiples ciclos a formar los complejos húmicos de baja degradación que le permite durar decenas de años en forma inalterada en el suelo.

El éxito acumulando CO2 ha llegado con la práctica conjunta de cero labranza, mantener durante todo el año una cubierta que esté realizando fotosíntesis y raíces alimentando microrganismos, tener diversidad de plantas creciendo y ganado en pastoreo rotativo intensivo reciclando la vegetación.

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