La Vía Líquida del Carbono.

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Por mucho tiempo se pensó que el carbono que ingresaba al suelo lo hacía por la vía de la materia orgánica llegaba  como adición de un material orgánico concreto que se depositaba sobre la superficie del suelo. Se consideraba que los aportes de guano, compost, residuos de plantas de tratamientos de aguas servidas, residuos orgánicos de cultivos obtenidos en otros lugares, residuos producidos por un cultivo anterior en el mismo suelo, o bien, masas verdes cultivadas específicamente para ser incorporadas, eran las fuentes de materia orgánica. Ya fuera por un proceso natural o aplicado como una enmienda,  su función principal era de carácter físico por los beneficios que aportaba a la estructura del suelo, acompañada en un mecanismo químico poco especificado que favorecía al último la fertilidad del suelo.

En ese escenario la materia orgánica que entraba al suelo era atacada por una micro y mezo fauna que la reducía y desarmaba, dando paso a la acción de bacterias y hongos que la terminaban por  degradar, absorbiendo nutrientes fundamentales, pasándolos luego a la cadena trófica y liberándolos al medio de donde los podían tomar las plantas.

Lo que se valoraba y media, era un cambio en la densidad aparente del suelo como resultado de un aumento en la porosidad y la consecuente capacidad de tener más aire en su interior y poder absorber y retener más agua,  así como su aporte de nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo.

Con posterioridad, en la medida que la capacidad de la ciencia avanzó en sus métodos de análisis, se vio que existía una segunda forma de ingreso de carbono al suelo, que en volumen podía ser mayor que el aporte superficial, y cuya función era mucho más efectiva y específica en lo que llamamos fertilidad del suelo. A este modo de aporte se le llamó la Vía Líquida, puesto que era en esa forma como penetraba al suelo exudada desde las raíces de las plantas, en una solución que contenía azucares y otros compuestos orgánicos originados a partir de la fotosíntesis que realiza el follaje.

Los ensayos y mediciones indican que entre un 20% y 50% del producto de la fotosíntesis puede ser destinado por la planta a salir de ella como exudado radicular, controlando en qué periodo de su ciclo vegetativo exuda más o menos, o bajo qué condiciones se ve forzada a emitir más, llegando a etapas en que el 80% de los fotosintatos son exudados si por baja fertilidad del suelo la planta necesita el urgente auxilio de los microrganismos.

El propósito de esta vía de ingreso es entregar carbono como nutriente y energía a hongos y bactería que viven en una relación mutualista con la planta. Es la moneda con el cual el vegetal le paga los servicios a los microrganismos que le aportan nutrientes y otros compuestos requeridos para sus procesos metabólicos y fisiológicos. Un mutualismo donde una especie que es capaz de tomar la energía del sol  y pasarla como un compuesto energético, permite la vida de otros organismos que viven en la oscuridad muy adentro del suelo, que en retribución nutren a su fuente de energía.

Lo que se ha podido comprobar, también, es que por esta vía se forma una parte importante de la fracción húmica de la materia orgánica del suelo, que corresponde a los compuestos más estables, que se degradan con mucha dificultad, permaneciendo por decenas de años en el suelo cumpliendo las funciones físicas y químicas que se le atribuyen a la materia orgánica.

La conclusión de este conocimiento, es que si se quiere aumentar la fertilidad del suelo, es necesario estimular la vía liquida de ingreso de carbono, y para ello la mejor medida es tener a los suelos siempre cubiertos con una capa vegetal activa, productora de fotosíntesis, ya sea en la forma de praderas permanentes,   de cultivos de coberteras entre los periodos de cosecha y siembra de cultivos comerciales, o este mismos concepto de coberteras permanentes, en los suelos desnudos con que se maneja la fruticultura.

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