El Especial Ámbito de la Rizósfera.

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Medir lo que pasa en el suelo ha sido siempre difícil y la mayoría de los conocimientos se han obtenido tratando brutalmente una muestra de suelo con compuestos y mecanismos que no actúan en ese medio, pero que arrojan datos  que permiten inferir supuestos  que  han podido ser correlacionados en estudios posteriores con los rendimientos de los cultivos. La información es general y poco específica y eso ha ocultado muchas de los procesos que acontecen en el interior de un suelo.

De partida, se asume que el suelo es uniforme y que los parámetros físicos y químicos levantados en un muestreo se replican con relativa similaridad en toda su superficie y perfil. Esto no puede ser más alejado de la realidad. En cualquier sección de suelo la situación es particular dada por sus condiciones físicas, químicas y biológicas, y por la historia de vida y uso de esa sección de suelo. Es un componente dinámico con grandes fluctuaciones anuales y respuestas diversas al trato recibido, y cuyo comportamiento futuro es aleatorio para nosotros si no tenemos la precaución de mejorar los métodos de análisis introduciendo para ello los parámetros que miden la biología del suelo.

 

Para una planta, desde el punto de vista nutricional, el suelo que importa es el que está inmediatamente rodeando a sus raíces. Lo que está fuera de este pequeño radio tiene importancia por el aire y aguas que retiene y le aporta a ese espacio restringido, actuando como una bodega de estos elementos vitales para la vida. En el espacio pegado a las raíces, denominado rizósfera, las medidas tomadas sobre una muestra de suelo sacadas con una pala desde su superficie, son radicalmente diferentes. En análisis más detallados se ha podido ver que el PH en la rizósfera tiende al neutro cuando en el suelo circundante puede estar tan bajo como 5, o que los contenidos de carbono, nitrógeno y fósforo son significativamente superiores en el interior de ella en comparación a un suelo cercano, alejado sólo centímetros de la raíz.

Esta modificación del medio es una capacidad que tiene la planta que la expresa exudando compuestos para crear un ambiente favorable para los hongos y bacterias que son benéficos para ella. Las plantas son seres sin capacidad de desplazarse, por lo que tienen desarrollado un mecanismo para atraer hacía sí los elementos y ayudas requeridas, emiten señales y alimentos específicos para hacer responder puntualmente al organismo del cual están necesitando su ayuda.

Como ejemplo, en un estudio de suelos se midió que el 90% de las bacterias presentes en la muestra eran del tipo Bacilos, en cambio, en la rizósfera de ese mismo suelo, sólo un 3% de las bacterias detectadas correspondían a bacilos. El 97% restante eran otros géneros y especies que sólo se activaron en la rízósfera como consecuencia de la acción de la planta. Este mismo tipo de análisis se ha llevado a cabo con distintas especies de plantas, y se ha visto que cada planta tiene asociado un tipo específico de bacterias y hongos, indicando lo afinado que puede llegar a ser esta relación mutualista.

Esta idea es interesante al pensar en recuperar la biología del suelo y aumentar el carbono retenido en su interior, y es la explicación de él porqué en suelos donde se  ha cultivado en cero labranza y se han usado coberteras multiespecies se presentan mayores tasas de acumulación de materia orgánica que dónde la práctica han sido los mono cultivos o las coberteras con una sola especie.

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