Cómo medir la vida del suelo.

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Una buena imagen que se  puede tener de un suelo funcional y sano es la de un supermercado. Un espacio con pasillos y anaqueles, un ambiente agradable, con las mercaderías expuestas en una economía de espacio, donde se pasea gente sacando lo que necesita y luego unos personajes de delantal vuelven a llenar las repisas reponiendo lo sacado con mercadería que tenían en la bodega. El suelo es lo mismo, un reservorio de nutrientes  (las mercaderías) donde medran las raíces (los clientes) y pueden operar los microrganismos (los reponedores).

Siguiendo la analogía, en este espacio limitado lo importante no es la cantidad de cada producto expuesto, si no, la velocidad con que se repone, y volviendo al suelo, lo importante no son las cantidades de los elementos disponibles en un momento, si no, más bien, la presencia de microrganismos que los reponen desde las reservas del suelo.

Los análisis de suelo siempre han medido la mercadería de un momento  no considerando la existencia y eficiencia de los reponedores que mantienen los anaqueles surtidos. Si quisiéramos medir los reponedores de elementos en el suelo, lo que habría que medir es la presencia de microrganismos y las condiciones básicas para que ellos vivan.

Los microrganismos son seres vivos que en su respiración consumen oxígeno y liberan dióxido de carbono (CO2), por lo tanto, su existencia se puede medir captando el CO2 que emite el suelo, infiriendo si se produce una alta cantidad de CO2 que hay abundante cantidad de microrganismos y que están presentes los alimentos que los nutren.  Pero no sólo su presencia es importante, también lo es, la composición de especies que daría una idea del potencial de funcionalidades que tiene esa población de microrganismos.

El complemento a medir, debería ser la cantidad de alimento que tienen los microrganismos en el suelo, y para eso, habría que extraer esos nutrientes en base a los mismos mecanismos que usan ellos para captarlos, de tal forma de medir la fracción útil de ese nutriente, no incluyendo contenidos que no podrán ser alcanzados en el corto plazo.

Su principal alimento es el carbono, pero sólo es útil para su alimentación el carbono soluble, por lo que la manera se conocer el carbono disponible como nutriente es extrayéndolo del suelo con agua y los ácidos orgánicos presentes en la solución. Similar situación se da con el segundo elemento en importancia, el nitrógeno, que se extraería en una solución acuosa para luego separar y medir el nitrógeno que está en forma inorgánica (NO3-CH4) y el que está en forma orgánica siendo parte de compuestos que serán consumido por los microrganismos. El mismo proceso aplica para el fósforo con sus fases orgánica e inorgánica, como para el resto de los cationes necesarios.

Con estos antecedentes se podría tener una rápida visión de la funcionalidad del suelo y de su productividad, dónde las bajas tasas de respiración indicarían que el suelo presenta algún tipo de problema que está afectando la vida de los microrganismos, dando pie a otras observaciones que amplíen la información para el diagnóstico y permitan desarrollar prácticas de manejos que tiendan a resolver el problema de fondo que presenta el suelo.

Por ejemplo, si una baja respiración se correlaciona con un bajo contenido de carbono en el suelo, la práctica recomendada sería el uso de leguminosas como cultivo de cobertera de forma de aumentar rápidamente este nutriente con un aporte de materia orgánica de baja relación C/N; o en otros caso, si la compactación y el anegamiento es el problema, resolverlo con un subsolado superficial y cultivos de alta relación C/N que permitirían una mayor actuación de hongos y la formación de sustancias húmicas que mejorarían la estructura del suelo.

En Estados Unidos el investigador Rick Haney desarrolló un test que mide los parámetros biológicos de un suelo y los relaciona con producción, recomendando rangos de fertilización en maíz y soya, y la composición del cultivo de cobertera como una herramienta siempre necesaria para mantener buenos niveles de carbono en el suelo.

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