La Minería de Carbono en la Agricultura

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El concepto de  minería es la de extracción de minerales que se encuentran mezclados formando parte del suelo, de la tierra, en una actividad que remueve elementos que no son renovables. Así, al hablar de minería de Carbono se podría pensar en las minas de carbón o los pozos de petróleo de donde se extrae el Carbono milenario, pero en este artículo no hablaremos de ese Carbono. El Carbono al cual nos referiremos es el Carbono orgánico que se encuentra  en el primer metro de suelos de bosques, praderas y terrenos agrícolas formando parte del ciclo de organismos vivos, haciendo esta distinción para diferenciarlo del  Carbono inorgánico  que se ubica asociado a otros elementos en la forma de carbonatos.

El hecho, es que sin estar conscientes,  hemos explotado el Carbono orgánico como un mineral, como un elemento no renovable, con el criterio de extraer y extraer hasta que la ley tan baja no justifica más esa actividad y se agota el yacimiento. Aunque sea difícil de creer, estamos agotando el Carbono orgánico del suelo después de décadas de una agricultura intensiva, y debido a ello, cada vez se hace más difícil mantener los rendimientos, recurriendo a  la aplicación de elementos externos que elevan los costos de producción y comprometen la rentabilidad.

Esta actividad minera  pasó desapercibida debido que el síntoma de la pérdida  de Carbono orgánico no se muestra como una deficiencia en la planta. Su expresión está manifestada en la falta de otros minerales, sustancias nutrientes y metabólicas en la planta, que enmascaran el real efecto del bajo contenido de Carbono orgánico en el suelo, y por ello, la solución ha sido, otra vez, atacar el síntoma del problema y no el problema en sí.

La vida -bacterias, plantas, personas- está estructurada en el Carbono orgánico, en un Carbono que opera en un circuito que lo hace tomar diversas formas, pero que entra por el proceso de fotosíntesis y sale por él de respiración, y en su intermedio genera y participa en varios ciclos de vida, donde el Carbono se mueve como nutriente, energía, estructura, catalizador y muchas otras funciones.

Se piensa que el Carbono que importa para las plantas, la fuente única de Carbono, es el Dióxido de Carbono del aire, desconociendo el Carbono que toman desde el suelo, incorporándolo a sus procesos metabólicos en forma de compuestos de múltiple complejidad que son vitales para ciertas etapas y funciones, sin las cuales las plantas no vivirían. Pero tan importante como eso, es el Carbono orgánico  que está afuera de la planta, que estructura y da vida a los microrganismos del suelo, que son al último, la tarima en que se sustenta la planta, la fuente y origen de nutrientes minerales y orgánicos que les permite vivir y producir cosechas que sustentan a insectos, animales y hombre.

La extracción del carbono orgánico se mide en la disminución de la materia orgánica que contiene el suelo. Cuando en un suelo baja el contenido de materia orgánica, está bajando principalmente el Carbono orgánico del suelo, ya que, sobre del 50% de esa materia orgánica es Carbono. Pero no sólo baja en cantidad, si no,  también, baja la calidad  y la funcionalidad de la materia orgánica remanente en el suelo. La materia orgánica no es un compuesto único, tiene tres grandes grupos de componentes; una fracción húmica que actúa más en la parte física de suelo; una fracción de azúcares y compuesto que es alimento para microrganismos y plantas; y la fracción viva de microrganismos y otras especies que habitan el suelo.

Cuando se extrae Carbono lo que se pierde es la fracción de azúcares y compuestos, y con eso, bajan los elementos nutrientes para la fracción viva, que hace bajar la población de microrganismos, que son a su vez, los que ayudan a formar los azúcares y compuestos. Es un circuito que minimiza su productividad, cuya única posibilidad de revertir esta degradación es activando otra vez los microrganismos del suelo, de forma que puedan ir acumulando carbono orgánico en el perfil del suelo, y con ello, aumentar la productividad de todo el sistema.

En un análisis un suelo puede mostrar un alto contenido de materia orgánica, pero esa materia orgánica puede estar en la forma húmica que no participa directamente en nutrir y aporta compuestos orgánicos a la plantas. Se ha perdido la fracción que extraen las plantas y la reposición desde las fuentes húmicas restantes es un proceso lentísimo, en el que no se puede descansar para volver a cargar el Carbono orgánico perdido del suelo. A las pérdidas de Carbono orgánico por extracción de las plantas, se deben sumar las pérdidas causadas por la erosión, que afectan principalmente a la materia orgánica no fijada del suelo, que es la fracción más liviana y expuesta a ser arrastrada por el viento y el agua, desapareciendo la capa superior donde está concentrada la mayoría de la fracción viva de la materia orgánica,  los nutrientes y compuestos que son solubles en agua.

La agricultura no ha considerado el Carbono como un elemento del suelo per se, y ha menospreciado su rol en todo el sistema, originando una extracción que ha dejado escaso contenido en el suelo, con un efecto en el debilitamiento de los cultivos y una mayor necesidad de insumos externos para su producción.

Se debe considerar reponer Carbono orgánico al suelo y eso se hace por la vía de activar la biología del suelo, dándole las condiciones y alimentos para que los microrganismos prosperen, aumenten y diversifiquen sus poblaciones, comenzado a liberar nutrientes y crear los metabolitos requeridos por las plantas.

Las recomendaciones para lograr eso son conocidas y son las prácticas de; no arar o mover el suelo, realizar siembras en cero labranza, no mantener suelos desnudos, utilizar cultivos de cobertera, usar mezclas de cultivos y especies creciendo sobre el suelo, usar compost como fuente de inóculos. Técnicas sencillas y probadas que permiten aumentar la productividad del suelo y el resultado económico de la actividad agrícola.

Artículo 1

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