Déficit de Oxígeno en el Suelo

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Déficit de oxígeno en el suelo. Suena raro que pueda existir un déficit de oxígeno en el suelo. En términos agronómicos se habla de déficit de elementos nutrientes para la planta, pero está referido a los elementos minerales que supuestamente debería aportar el suelo. La idea de un posible déficit de elementos que principalmente vienen de fuentes gaseosas, como son el carbono y el oxígeno, poco se han considerado. Sin embargo, son estos dos elementos lo que están limitando la productividad de la agricultura en estos momentos. ¿Raro? Veamos qué tan raro es el caso del oxígeno.

La concentración de oxígeno en el aire es de un 21%,  en un suelo sano puede bajar a un 18%, en un suelo con limitantes a un 10% y en uno anegado al orden del 2 a 3%.  Con esa concentración de oxígeno ningún organismo aeróbico puede vivir; las raíces se asfixian,  que en términos técnicos es llamado anoxia, la parte aérea no tiene agua ni nutriente y colapsa; se mueren bacterias, hongos y toda la vida beneficiosa del suelo hasta llegar a las lombrices. ¿Quiénes sobreviven?, los organismos anaeróbicos, donde se cuenta la gran mayoría de los organismos patógenos, activándose a su vez en esos ambientes sin oxígeno, procesos metabólicos que actúan en detrimento de los organismos que nos interesa proteger para desarrollar una agricultura sana.

El oxígeno se agota porque no entra aire al suelo, o difunde muy lentamente, no renovándose los bolsones que aire que quedan en el interior del suelo, produciéndose una disminución del oxígeno y un aumento del dióxido de carbono como resultado de la respiración de raíces y microrganismos. Ese factor es consecuencia de suelos mal drenados, o de suelos que han perdido su porosidad natural como  consecuencia del sistema de cultivación con que fueron trabajados.

En un suelo sano, los espacios porosos del suelo representan el 50% del volumen total del suelo, que es el espacio que se llena con agua y aire, llegando a estar totalmente lleno de agua en suelos saturados y bajando al rango del 50% cuando se drenan libremente, siendo el agua remanente lo que pueden retener las partículas minerales y orgánicas del suelo.

La compactación de los suelos es la principal razón de los bajos niveles de oxígeno. Suelos que han perdido materia orgánica que los hacia más esponjosos, menos densos,  y  que junto con perder materia orgánica perdían vida de microrganismos, y así, el beneficio que entregan en la formación de agregados, de crear poros, en la capacidad de penetrar  suelos densos y cambiarles su estructura.

El paso de la maquinaria y la rotura del suelo son las principales causa de compactación. El peso de tractores y equipos compactan las primeras capas del suelo creando estratos más densos que pierden porosidad al ser reducidos a un menor volumen, con lo que hace más difícil que penetre el agua y el aire, situación que se ve agravada con el uso de arados que  rompen y desarmas las estructuras internas que han formado en el suelo bacterias, hongos,  lombrices y raíces, y crean en su fondo de corte  una capa compacta que termina por sellar el suelo, con lo que se han multiplicado los problemas, porque ya no sólo hay un suelo compacto y sin estructura en la superficie, si no,  además, se le agregó una capa impermeable al fondo, creando un macetero de poca profundidad que tiene baja infiltración y mal drenaje, que se satura con poca agua, donde se dan todas las condiciones favorables para que se desarrollen los patógenos.

¿Cómo solucionar ese problema? Pues fácil, metiendo aire, permitiendo que entre el oxígeno y que la vida aeróbica domine ese ambiente. Que vuelvan bacterias y hongos a formar la estructura del suelo, a formar agregado, a formar poros; que vuelvan raíces y lombrices a crear una red de canales en su interior; que entre carbono como materia orgánica y exudado de raíces; que se degrade la materia orgánica y se formen ácidos húmicos; que los organismos benéficos dominen y controlen a los patógenos.

Las prácticas agrícolas que favorecen recuperar la porosidad del suelo consideran  cero labranza con el fin de no destruir la estructura que han logrado crear hongos y bacterias, realizando a lo sumo un subsolado inicial que no implique dar vuelta el suelo; la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertera con diversidad de especies con el fin que existan distintos tipos de raíces explorando y utilizando el perfil del suelo y se presente una continuidad de plantas que alimenten a los microrganismos; y sobre todo eso, tener la conciencia que se está tratando con un ser vivo que responde a cómo se le es tratado.

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