Importancia de la Materia Organica del Suelo

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La Materia Orgánica del suelo es una fracción menor de todo el complejo elemento que llamamos suelo y por esa razón ha sido menospreciado su rol, no habiendo considerado pertinente asignarle mayor preocupación en el desarrollo de la agricultura industrial que comenzó a implementarse a partir de mediados del siglo XX. Su valor dentro del suelo ha sido considerado principalmente por las características físico-químicas que le podía conferir al suelo en un concepto donde textura, estructura y contenido de minerales eran mucho más importante, así, un suelo con más materia orgánica era un suelo más fértil y más suelto, y su contenido de materia orgánica venía dado por la ubicación geográfica del suelo en un proceso que consideraba  eras geológicas de formación.

Era una situación ya fija, donde los observadores más impresionados constataban una continua disminución de su existencia y una pérdida en la productividad de los suelos. Si bien el diagnóstico era acertado, por fortuna la materia orgánica presente en el suelo se reveló como un elemento dinámico, que tenía una alta plasticidad y resiliencia, y que dándole las condiciones adecuadas, se podía recuperar en periodos extraordinariamente cortos, reduciendo a unos pocos años lo que se suponía que tomaba tiempos geológicos.

La fracción de materia orgánica en el suelo varía generalmente entre un 1 y un 6%, y de esa fracción, un 70 a 90 % corresponde al humus, que es una fracción relativamente inerte de la materia orgánica, que no es degradada por los microrganismos,  que cumple una función relevante en la estabilidad y formación de agregados en el suelo, además, un rol de coloide que interactúa en la captura y liberación de elementos nutrientes con la solución del suelo. Le sigue una fracción que va entre un 7 y un 20% que corresponde a la materia orgánica degradable, la que es atacada por bacterias y hongos transformándose en la fuente donde  obtienen los elementos nutritivos y su energía. La tercera fracción de la materia orgánica corresponde a los organismos vivos que habitan el suelo, que forman un porcentaje que va del 1 al 9%, donde la presencia de hongos es mayoritarias -50%-, seguida por bacterias y actinomicetos -30%-, luego por levaduras, algas, protozoos, nematodos -10%- y en otro porcentaje igual, artrópodos, lombrices y pequeños animales, formando un ecosistema de simbiosis y trofismo.

Con estos números, un suelo que tenga un 2% de materia orgánica en sus primeros 25 cm de espesor, tendría del orden de 60 toneladas de materia orgánica, de las cuales entre un 600 y 5.400 kilos corresponden a organismos vivos que están comiendo, respirando y reproduciéndose. Organismos en plena actividad que están liberando elementos del suelo y produciendo sustancias nutritivas para las plantas  y que requieren en retorno que las plantas exuden azúcares para soportar su vida en las profundidades del suelo.

Descontando las plantas que viven tanto arriba como debajo de la superficie, la vida que tiene el suelo en su interior es con largueza mayor a la que se encuentra en su superficie. Un suelo pobre de secano  con un 1% de materia orgánica, podría contener en su interior un rango entre 300 y 2.700 kilos de organismos vivos, que se compara a la producción superficial de sostener una oveja de 60 kilos y producir un cordero de 30 kilos, más otros organismo como roedores y aves que generosamente podemos asumir en un 50% más, completando una vida anual superficial que estaría en torno a los 150 kilos. La vida sobre el suelo es una consecuencia de la vida en el interior del suelo, de ahí la importancia de la materia orgánica y de los roles que cumplen cada una de sus fracciones.

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