Un Planeta Cambiante

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Vivimos en un planeta que por millones de años ha estado cambiando y que recién en sus últimos milenios  ha ofrecido un frágil equilibrio de los elementos y circunstancias que lo forman y regulan que ha permitido el desarrollo de la vida humana.

Una larga evolución de la vida que se fue moviendo entre temperaturas y contenidos de gases, hasta desembocar en una combinación que nos posibilitó la vida y de las que nosotros llamamos nuestro medio ambiente.

En el rango de las posibilidades en que se mueven los números planetarios, un poquito más o un poquito menos, tiene una influencia enorme para nuestra condición de vida. La concentración de CO2 en la atmósfera ha subido en un número minúsculo, pero esas millonésimas  han bastado para elevar la temperatura promedio de la tierra en dos grados y provocar cambios en el clima que alteran los patrones de comportamiento que soporta nuestra existencia. En los últimos sesenta años hemos pasado de 320  partes por millón (ppm) a 395 ppm de CO2 en el aire, un número insignificante, cierto, pero lo suficientemente potente para alterar nuestro medio.

Podemos mirar esta evolución de las cifras  igual como lo hicieron los dinosaurios con el meteorito que golpeo la tierra y los exterminó, o bien, podemos hacer gala de nuestras supuestas mejores capacidades y reaccionar a tiempo empeñándonos en reducir el nivel de CO2 que hemos elevado como especie, dejando para ello de quemar combustibles fósiles y secuestrando el exceso de CO2 que día a día producimos.

En los años que vienen la meta obligada no es alcanzar un balance y sólo llegar a una emisión cero, la verdadera meta, si queremos ser mejor que los saurios extintos, es llegar a tener una emisión anual negativa, vale decir, donde estaríamos secuestrando más CO2 del que estamos produciendo. La consciencia es de todos.

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