Actúa con inteligencia; activa tu suelo.

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¿Qué es activar el suelo?

La década de 1950 fue importante para la producción de alimentos en el mundo, pues en esos años nacieron técnicas que le dieron un giro a  como se practicaba la agricultura y abrieron la puerta a una abundancia de producción  que alejó el fantasma del hambre que se cernía amenazante sobre el mundo.

La técnica básicamente consistía en concentrarse en la planta, elevando sus factores genéticos de producción y entregarle todos los elementos necesarios para que pudiera expresar ese potencial.

La estrategia fue un éxito,  y el mundo en los últimos decenios ha estado  lleno de alimentos baratos. Pero esa estrategia exitosa ha comenzado a mostrar sus grietas y a dejar en claro unos factores que no se consideraron en su implementación, y que han devenido en un incesante aumento de los costos de producción; un empobrecimiento de los que producen los alimentos; una degradación de los terrenos donde se practica la agricultura; y una liberación de CO2 del suelo, que estamos pagando todos con los efectos causado en el cambio del clima mundial.

La estrategia de sólo concentrarse en la planta no dio un buen resultado en el largo plazo, y su principal descuido fue olvidarse del suelo, y principalmente, de los organismos que viven en el suelo y son parte de él, conformando una entidad que tiene propiedades físicas, químicas y biológicas.

Los suelos productivos no son simple tierra, la tierra está ahí y le da propiedades físicas y químicas, pero lo que hace un suelo productivo, un buen suelo agrícola, es la vida que tiene en su interior. Bacterias, hongos, protozoos, ácaros, lombrices y muchas especies más, que en una diversidad de población van formando un medio ambiente subterráneo propicio para sus vidas y  las vidas de las plantas, creando una asociación entre ellos que se ha venido desarrollando y perfeccionando por millones de años.

Los organismos del suelo son los constructores de las estructuras interiores que permiten que el suelo contenga aire y retenga agua; son los organismos que liberan nutrientes minerales para que los tomen las raíces; son los que fabrican compuestos orgánicos que ayudan al crecimiento de las plantas, a su defensa, en un rol de activación de su sistema inmunológico; son las  estructuras como las micorrizas que extienden las raíces de las plantas para absorber más agua y nutrientes. Es una comunidad de seres pequeños que presta un servicio enorme, y que se paga con los exudados de las raíces y con el carbono que entra al suelo al morir hojas, raíces y otras estructuras.

Activar el suelo es volver a considerar el suelo como un organismo vivo  y comenzar a preocuparse por entregar las condiciones para que pueda crecer nuevamente la vida en su interior, retomando las funciones que aportaban a la productividad del lugar.

Las necesidades son simples y lógicas: requieren como cualquier ser vivo;  casa, comida, agua y aire. Por ello las prácticas recomendadas consideran disturbarles lo menos posible el hábitat en que viven; ofrecerles alimentos los doce meses del año; mejorar el contenido de humedad del suelo y permitir la circulación de aire.

Toda las prácticas enfocado a esos objetivos ayudan a la recuperación de los microrganismos del suelo y recobrar la productividad del terreno, permitiendo disminuir las labores de cultivo, bajar los insumos y subir los rendimientos, que en definitiva, significa aumentar la rentabilidad de la actividad agrícola que se desarrolla sobre esos suelos.